lunes, 8 de febrero de 2016

Obras del metro



Fui a buscar un haiku de Susana Benet de alto contenido político. Serviría de ejemplo de cómo un haiku puro puede llevar una crítica a la parálisis de una gestión municipal. Lo encontré:

Obras del metro. 
Al fondo de la zanja 
crecen arbustos. 

Yo quería traérmelo, aunque la metáfora y el haiku no acaban de llevarse bien del todo, a la situación política actual. ¿Cuándo empezarán a florecer las retamas al fondo de la zanja de nuestro estado de cosas?

Pero por el camino, encontré, disimulado entre otros haikus, el hilo leve de una historia de amor:

 Si yo pudiese 
apagar el recuerdo, 
vería la noche.
*
Floto en el agua. 
Ahora tu recuerdo 
me pesa menos.
 
Tiene la noche 
la redondez azul 
de las hortensias.
*
Y por la noche 
me siguen alumbrando 
los jazmineros.



domingo, 7 de febrero de 2016

Vino y charla



Ya saben (véase infra) lo de mi botella de borgoña. Y saben lo de mi reposo vocal absoluto. Lo interesante es que hasta que no pueda hablar no hay ninguna posibilidad de que nos bebamos la botella. Sin conversación no hay borgoña que valga. Para beber solo están los destilados. El vino pide compañía, amor, inteligencia... No es el menor de sus encantos.


viernes, 5 de febrero de 2016

Aleluya


Puedo tener más lectores, 
sí, pero jamás mejores.

Cartas meditadas, generosos tuits, hondísimas reseñas, cariñosas amonestaciones que, aún teniendo razón, en nada se transforman en elogios... Podría hacer un enjambre de enlaces de tantos detalles, pero  concretemos en lo que me ha inspirado esta mañana esta aleluya que grabo a fuego en mi pluma (virtual) de escritor. Esta lectura espléndida de Ángel Ruiz. Y un tarjetón de una lectora de aquel artículo, que reza:

Te adjunto una botella de borgoña para que no tengas que buscarla para "trasegarla" con Leonor.




Y la trasegaré, chin, chin, a su salud, y a la todos vosotros.



La gola de vuestras opiniones



Shakespeare se abre camino siempre, como un río poderoso. Así su Tomás Moro. Mirad cómo lo recita sir Ian McKellen, oíd el discrurso contra la rebelión que pretende, con una mezcla de xenofobia y odio de clases, echar a los extranjeros de Inglaterra. Y ved lo que dice Shakespeare, Tomás Moro, ambos: 















TOMÁS MORO:

Dadlos por expulsados, pensad que vuestro ruido 
ha acabado con toda majestad en Inglaterra. 
Imaginad que veis a esos desgraciados 
cargando a sus espaldas sus niños y sus bultos 
hacia puertos y costas en busca de transporte, 
y que cumplís, cual reyes, todos vuestros deseos, 
muda la autoridad ante vuestras bravatas, 
y vosotros vestidos con la gola de vuestras opiniones; 
¿qué habríais conseguido? Os lo diré: enseñar 
a la insolencia y a la mano dura a vencer, 
a avasallar el orden. E instaurado ese método, 
ninguno de vosotros a anciano llegaría, 
porque nuevos rufianes y según sus caprichos, 
con esa misma mano, esas mismas razones y ese mismo derecho, 
os harían sus presas, y los hombres, 
como peces hambrientos, unos
a otros se devorarían.


[...]



... Aunque estéis desesperados, 
lavad con lágrimas 
vuestras mentes manchadas, y esas manos 
que, al rebelaros, contra la paz alzáis, 
alzadlas por la paz; y vuestras irreverentes rodillas, 
convertidlas en pies. Arrodillarse 
para pedir perdón es más seguro 
que cualquier guerra cuya disciplina 
sea la rebelión. 
¡Entrad, entrad en la obediencia! Ni 
aún la rebelión podría proceder sino con obediencia. 
Decidme sólo esto: ¿Qué capitán rebelde, 
iniciado el motín podría con su nombre 
retener a la chusma? ¿Quién obedecerá 
a ese traidor, cuya proclamación 
de “capitán” no os puede sonar bien 
llevando el adjetivo de “rebelde”? 
Los extranjeros los derribaréis, 
los mataréis, les cortaréis el cuello, ocuparéis sus casas 
y llevaréis atada la fuerza de la ley 
para azuzarla como a un perro. ¡Ay! 
Digamos ahora que el monarca, 
que, cuando el criminal se arrepiente es piadoso, 
se queda corto ante esta enorme ofensa, 
y apenas os destierra: ¿Adónde iríais? 
¿Qué país, a la vista de vuestro yerro, asilo 
os daría? Id a Francia, a Flandes, 
a Alemania, a España, a Portugal, 
a cualquiera que no sea aliado de Inglaterra, 
y allí tendréis que ser extranjeros. ¿Querríais 
dar en una nación de carácter tan bárbaro 
que, revolviéndose en atroz violencia 
no os dejase encontrar un cobijo en su suelo, 
sus odiosos cuchillos afilase 
contra vuestras gargantas, despreciándoos 
como a perros, lo mismo que si Dios 
no os hubiese creado y no os reconociera; 
y como si no fuesen los elementos útiles 
para vuestra existencia, sino una propiedad 
para ellos reservada? ¿Qué diríais 
si os tratasen así? Tratáis así a los extranjeros. 
Así es vuestra oceánica falta de humanidad.




jueves, 4 de febrero de 2016

Edipo en Colono


Me acuerdo continuamente de Edipo en Colono porque la que más me acompaña en mi mudez absoluta sobrevenida y la que mejor entiende mi lenguaje gestual es Carmen. Lo entiende perfectamente. Su madre, no. He descubierto que Leonor me quiere, sobre todo, por la conversación. Pero me distraigo, estábamos con Antígona, digo, con Carmen.

Me dice que no hable, le divierte oírme con los ojos y adivina como nadie lo que digo con las manos. Ay, Edipo, aunque disimules, qué feliz tuviste que ser acompañado en tu desgracia por Antígona. 

Carmen me ha dicho esta mañana: "No puedes hablar, pero puedes escucharme". Eso sí es consuelo. Y se ha sentado en mis rodillas y me ha dicho: "Si estuvieses ciego, podrías hablar, pero no podrías ver". Se ve que también ella tenía un pálpito sofocleo.




miércoles, 3 de febrero de 2016

Inversamente proporcional


El interés que uno tiene en los retuits, likes y comentarios es inversamente proporcional a la pasión que le embargue por lo que hace.


martes, 2 de febrero de 2016

Responsabilidad


Al darme el beso de buenas noches, a las 9:30, exclama Quique: "¡Qué bien afeitado!". Ayer, a las siete de la mañana, había cambiado la cuchilla. 

Esta mañana se ha acercado al ordenador a darme el beso de despedida. Le ha sorprendido encontrarse en mi pantalla una mujer desnuda. No decía nada, pero se señalaba el pecho y me miraba. 



A vosotros sí os puedo remitir a la página, pero a él tampoco iba a leerle el poema de Ibáñez Langlois. Tampoco he dicho nada.

Tanta preocupación con el Gran Hermano, y un hijo pequeño es más implacable. 


sábado, 30 de enero de 2016

Chimenea


El hogar de mi hogar humea. Leonor protesta, pero yo pienso (contestar, no contesto: reposo vocal absoluto) que cumplo mi fantasía político-incorrecta de fumar a la contra, pero no en cigarrillos ni en pipa: yo fumo en chimenea.

Me quedo hasta tarde bebiendo y leyendo, beyendo y lebiendo a partir de cierta hora. Me han encargado un pequeño ensayo sobre mi silencio encerrado. ¡Y hay tanta bibliografía!




Cuando al final apago la luz. Oh. Qué bonito el cuarto a la luz de la chimenea.




Acaba de leer a Logan Pearsall Smith: "What humbugs we are, who pretend to live for Beauty, and never see the Dawn!"; y animado por sus palabras me quedo despierto un rato, no por miedo al fuego ni por prudencia, por estética, contemplando la puesta de sol de la chimenea.