martes, 22 de abril de 2014

Oh


Me gustó muchísimo este graffiti. No sólo porque no está en una pared, que ya se agradece, sino porque aprovecha al máximo sus pobres condiciones. El entorno, pues qué mejor que una bailaora en el barrio de Santiago de Jerez. Luego, sobre todo, las ondulaciones de la valla de metal, que transmiten las vibraciones del baile de modo magistral. El color metálico, tan de flamenco auténtico: brillo mate. Y hasta las flechas de la señal de tráfico y su aspa, que parecen indicar esos violentos vaivenes del baile, ahora hacia aquí, ahora hacia allí, en un palmo de terreno. Las palmas las tocamos, con los ojos abiertos, en silencio, nosotros.

Aunque también cabe que sea yo. Tan metido en mi valla de hojalata, tan constreñido, con tanto sabor a metal en la boca del estómago y con tanta pobreza de medios, cómo no ver en esa pintada una especie de esperanza. 


sábado, 19 de abril de 2014

El pasado por vivir


Media vida me he pasado citando a los griegos con lo de que nadie es feliz hasta el día de su muerte, y ahora caigo —mañana me levanto— en que en verdad nadie es feliz hasta el día de su resurrección. 

A diferencia de la reencarnación, en la resurrección tenemos todo el pasado —también— por delante. 



jueves, 17 de abril de 2014

... en un coche viejo


El coche de Leonor es nuevo. Flamante. Y lleva mapa incorporado. A los niños les encanta. El mío es viejo. Y lo llevo un poco sucio y desordenado, para decirlo con discreción. Pretendemos que nos dure todavía hasta cuando el de Leonor esté viejo, para así ir alternando en la familia, y tener uno cómodo y seguro para viajes y desplazamientos medios. Ése es nuestro plan.

Generalmente los niños prefieren ir en el de su madre: por el mapa, el espacio, las ventanas. Y yo también prefiero conducir el de Leonor, claro. Sin embargo, ayer, en mi coche, sonaba en Radio Clásica algo de Haydn. Carmen dijo: "Qué música". Y luego: "Este coche me gusta muchísimo". 

Me emocioné, lo confieso. No tanto por mi coche, que algo, sino por la transfiguración del arte, por su poder redentor. A eso aspiro —aspiramos—: a llevar dentro una música que nos haga muchísimo mejores, a pesar de todo. 


miércoles, 16 de abril de 2014

Meseguer y Áspera nada


Cuando lo leí en el jurado del Adonáis, el poema que más me gustó de Áspera nada fue una diatriba contra los pobres. No lo decía el autor pero el lector deducía que esa violencia era quizá la actitud más adecuada para luchar contra la pobreza. Quitando ese poema, el libro no es barroco como el de ayer ni como yo hoy en el periódico, sino pura línea recta y pobreza de medios. Ahora en mi tercera lectura, el poema que más me gusta es "Efecto Lázaro":


A lo lejos la fe te hace señales, 
quisieras descifrarla. 
Es una llama viva. 
Tú y yo llevamos varios años muertos. 
Nos queda la esperanza 
del efecto Lázaro: 
que a través de la noche de los tiempos 
nos llamen unos ojos 
rugientes como tigres de Bengala.


Me gusta mucho el encabalgamiento de "Nos queda la esperanza / del efecto Lázaro", porque la esperanza, sea de lo que sea, es siempre esperanza. Y me hizo dar un salto de ilusión lo de "ojos / rugientes como tigres de Bengala" porque Chesterton había dicho: “Puedes hablar de Dios como una metáfora o una mistificación; puedes aguarlo con litros de palabrería o evaporarlo en metafísicas, y no es sólo que nadie te castigue, sino que nadie protesta. Pero si hablas de Dios como un hecho, como algo así como un tigre, como una razón para cambiar de conducta, entonces el mundo moderno te parará de cualquier forma, si puede”. Lo que se puede aplicar, palabra por palabra, a Messeguer, que ignoro si lo habría leído en Gilbert o dio en el tigre por la propia fuerza (rugiente) de los hechos.


martes, 15 de abril de 2014

Espejos enfrentados, de Álvaro García


Me ha gustado mucho, como suyo, el último libro de Álvaro García: Ser sin sitio. Tiene tres poemas largos en verso blanco que, de alguna manera, defienden el pabellón de su apuesta estética de los últimos libros, pero el cuerpo central del libro son sonetos. Una historia de amor en sonetos. En todos hay momentos de esplendor, pero el que más me gusta es este tan hecho de cotidianidad moderna y tan barroco a la vez. Que ustedes lo disfruten: 


ESPEJOS ENFRENTADOS 

 Uno enfrente del otro, dos espejos 
te vigilan de frente y por la espalda; 
sucesiones de ti se hacen guirnalda 
en fuga interminable de reflejos. 

 Paseo por la tienda, no muy lejos, 
mirando prendas que el verano salda. 
Te multiplicarán ahí sin falda 
en su impotencia de mirones viejos. 
º 
 Entre tú y yo tan solo la cortina 
se agita con el roce de tu giro: 
tu cuerpo que se mueve al otro lado, 
º 
 el golpe de tu codo. Se adivina 
tu cuerpo sometido. Si abro y miro, 
me mirará un espejo importunado.
º