lunes, 25 de mayo de 2015

Donde yo mismo me ayudo


El domingo fuimos y cruzamos en coche la Baja Andalucía, y tanto a Leonor como a mí como a los niños, se nos hacía la boca agua con el campo. Qué buenos terratenientes haríamos Leonor y yo, nos supirábamos a cada curva, quedándosenos los ojos prendidos tras cada cortijo en cada curva. Los niños iban señalando caballos y vacas, ganaderitos en potencia, pobres. Al final del día, a la salida de misa, un saludo causal y un comentario indiferente acudieron en mi ayuda. En realidad, era yo mismo el que acudía a salvarme. Nos dijo una conocida, hablando de otra cosa: "En Aracena, tenemos un fincón [sic], pero no vamos. Nos pasa como tu artículo de la playa. Que nada más llegar, tras descargar y eso, ya tenemos que volvernos y es una paliza". No creo que me hubiese convencido lo más mínimo si no hubiese aducido el argumento de autoridad de mi artículo, y recordándolo tres años después, nada menos, pero así, puesto entre la espada y la vanidad, no pude menos que darle la razón. 


sábado, 23 de mayo de 2015

Transparencias


Leonor me pregunta si transparenta su blusa, con caladitos. Me acerco, tembloroso, me inclino sobre ella. "No sé, tal vez, un poco". Me contesta casi divertida: "No creo que nadie me escrute así".

Yo no las tengo todas conmigo.

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Dejé esta mañana el periódico en el jardín y el viento se ha llevado las hojas, a falta de otras, que queda aún mucho para otoño, pero no se debe perder la costumbre. Ahora, recogiéndolas, me ha maravillado lo sistemático del viento o lo meticuloso del azar: había hojas en todos los rincones del jardín. He pensado en la mano sabia con que tiene que repartir las semillas y el polen.

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No todo ha sido lírico. Qué asombrosa respuesta de Miquel Barceló. Cuanto más la pienso, más me río. Sólo que me queda la sospecha de que se esté riendo del entrevistador. Pero entonces no hablaría de una su amiga ni se haría esa sobrasada de amor propio.

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Leo la reseña de Manuel Vilas a Santa Teresa de Jesús, con una voluntad de epatar tan obvia que roza lo ridículo. Y lo curioso es que coincide en el núcleo con la mía: el quijotismo vivido hasta sus últimas consecuencias y, por otra parte, la precursora de la literatura del yo. Creo que no colgué el artículo porque no decía nada estrictamente nuevo, era muy divulgativo. Ahora, tras el vilazo, me lanzo:



jueves, 21 de mayo de 2015

Sueños son


Hoy me soñaba que estaba ante una palmera llena de cotorras. Cargaba mi escopeta. Apuntaba con tino. Pero al apretar el gatillo, no sonaba el disparo. Me despertaba el silencio. Me ha pasado tres o cuatro veces. 

Si fuera freudiano, lo relacionaría con la campaña electoral. Pero estoy más en la sorpresa por la esa frontera entre la realidad y los sueños, tan dolorosa. Hace dos noches tenía que acabar un libro y me dije: "Me quedaré leyendo esta noche, pero imaginaré que sueño, que sueño el argumento del libro. Así, por la mañana, estaré descansado, como si hubiese dormido como un tronco y con sueños, si no felices, desde luego interesantes". No funcionó. A la mañana siguiente estaba hecho polvo. Eso sí, vacunado contra el tópico de que leer es soñar y los mundos de la imaginación y bla, bla, bla.


miércoles, 20 de mayo de 2015

Misterio en el hospital


Antes de entrar en la habitación del hospital, les digo que hay que portarse muy bien. Así que si sienten irrefrenables deseos de gritar que salgan al pasillo. Tocamos a la puerta y entramos cariacontecidos los cuatro, como corresponde. Quique, muy serio, sale despaciosamente a los cinco minutos sin que nos demos cuenta. Y escuchamos en el pasillo un alarido terrible: "¡Aaaaahhhhh!". Tras el que vuelve a entrar, severo y circunspecto. 

No he logrado aún que me aclare si su obediencia fue extrema o si se estaba quedando conmigo. Lo que está claro es que él muy de gritar nunca ha sido. 




martes, 19 de mayo de 2015

La gracia y las avispas


Me mandan este vídeo que es una crítica relativamente graciosa al sistema:

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Bromas aparte, han puesto involuntariamente el dedo en la llaga. El problema de verdad no es la reforma laboral última ni la última reforma educativa, sino esa señora que dice "como el puto culo". Ahí está el mal.


lunes, 18 de mayo de 2015

Todo lo contrario


Encuentro por la calle. "Eh, Enrique, hola. ¿Qué vas, hablando solo?". No, todo lo contrario. Iba rezando el rosario.