domingo, julio 12, 2009

Campana de vacío

Un crítico de peso es una campana de vacío para su propia obra y hasta para sus opiniones. Sobre su obra está clarísimo. Criticar al crítico cuesta mucho si el nuevo crítico tiene a su vez obra propia o ya quisiera, como suele suceder. Temerá la contracrítica y, encima, sobre su juicio recaerá la presunción de resentimiento, si el crítico de peso le puso mal con anterioridad o no habló de él; o de desagradecimiento, si le puso bien. Esto, ojo, no es ninguna ventaja, pues es preferible un juicio negativo [inmejorable a veces, según quién lo haga y cómo] a nada. Por otra parte, tampoco resulta fácil aplaudir al crítico de peso: puede parecer peloteo o simple aplicación de la ley del Talión, aquella del elogio por elogio... Lo más seguro, por eso, es ponerse de perfil.

Pero incluso las críticas del crítico de referencia crean un raro silencio alrededor. Por ejemplo, mi intención era dedicar la entrada de hoy a Vicente García y a su libro Ahora. Pero veo que se me ha adelantado JLGM, citando incluso el poema que yo quería copiar, y me desinflo. ¿Parecerá que voy a rebufo?

Bueno, da igual, el poema merece la pena. Se llama "Los enigmas":

De niño ya te hablaban
de la vida y la muerte.

Qué fácil es hablar
de la vida y la muerte.

Cuándo sabremos algo
de la vida y la muerte.
Como estamos hechos a la triada de Miguel Hernández ("Llegó con tres heridas:/ la de la muerte, la del amor, la de la vida"), la ausencia del amor es otro enigma en este poema, un agujero negro por el que se agranda su vacío, y nos inquieta más.

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sábado, julio 11, 2009

Negro con las negrillas

Con las negrillas, estoy negro. Ni son mías ni son legítimas. Al escritor le corresponde sugerir con el tono y la sintaxis, y a cada lector poner las negrillas y las cursivas que considere oportunas. Pero si no trampolinkeé este artículo de Alba fue por otro motivo. Los días finales del IES, cuando salió publicado, fueron amargos, entre otras cosas porque estaba tomando café con una compañera cuando aparecen dos alumnas bien guapas y se ponen a hablar con ella. Yo contemplo, ejem, la conversación. Hablan de un corto que han tenido que realizar como trabajo de fin de curso. "Qué interesante", digo. "¿De qué va?", me intereso. "Va del aborto", me contestan, satisfechas. "Ah", sonrío eginéticamente, temiéndome lo peor. "¿A favor o en contra?", pregunto agarrándome a una esperanza ardiente. "A favor, a favor". Y quedo muerto. Tenía claro, porque acababa de publicar este artículo, que si me hubiesen dicho que estaban a favor del tabaco, podría haberme puesto muy paternalista y dogmático, pero contra el aborto qué decirles. Intento, no obstante, una leve protesta, que ellas atajan con tópica naturalidad: "Es la vida de cada chavala". Me pasé la mañana haciéndome el encontradizo por los pasillos, bordeando los límites del pudor y de la discreción, para decirles, otra vez, que si estaban seguras, que si no consideraban la posibilidad de la adopción, que si la vida del feto. Con toda sencillez me contestaron, que sí, que no, que qué vida ni qué niño muerto. Yo sabía que no tenía nada que hacer, que mis ideas hoy por hoy no se pueden imponer ni defender fogosamente en público y menos en un instituto público. En general me alegro, como decía en Alba, pero en particular, por el nasciturus, lo siento muchísimo, y le cogí un poco de manía a este artículo, con lo que había disfrutado escribiéndolo... Por eso no lo trampolinkeé.

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viernes, julio 10, 2009

Elogio de los semi-seguidores

El primer comentario a mi entrada de ayer, anónimo y animoso, decía: “Qué divertido. Semi-seguidora de tu blog, porque soy como tus alumnos, que no entiendo casi nada, estas historias cotidianas me chiflan. Gracias. Y arriba ese ánimo, hombre!” Pues muchísimas gracias, señora o señorita. Es a lo que aspiro: a unos cuantos semi-seguidores. Como todos, soy poliédrico, y no todos mis lados pueden gustar a todos, naturalmente, y ya me doy con un canto en los dientes con que alguno sí. Quizá ni casen entre ellos, mis lados, aunque yo —seamos sinceros— me veo de una pieza y muy jerarquizadito, pero vaya usted a saber. Sé que a ciertos amigos que me estimo mucho les incordian esas mismas entradas cotidianas mías y de mi anónima, y preferirían que aquí hablásemos siempre de hipálages, hipérbatos y metonimias. Pero con unos comparto la fe, con otros la frivolidad, con aquellos la literatura y con algunos (últimamente) la melancolía. Bien está si algo nos une de vez en cuando, sobre todo, si un puñado de vosotros os armáis de paciencia y me vais perdonando los otros extremos. (Podría ponerme estupendo y decir que ya me falta la seguidora total, la absoluta, pero os mentiría, y eso no. Mi madre también era una semi-seguidora, claro que más forofa y paciente que nadie.)

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jueves, julio 09, 2009

Celo

Pukka se puso en celo, y ha sido bonito estos días y distraído verla jugar con Carbón. Sería más exacto decir flirtear: todo el santo día daban saltos --como muelles-- uno alrededor de la otra, y viceversa, ponían las orejas tiesas y los rabitos se balanceaban como parabrisas en noche de chubasco, de pronto corrían con una gran punta de velocidad en cualquier dirección y, luego, de vuelta. Se lamían. Se ladraban suavito, como quien se recita un madrigal. Pukka, que ya tiene diez años, estaba rejuvenecida. Teniendo en cuenta el desinterés mutuo que en líneas generales se profesan nuestros perros, verlos tan atentos enternecía. Pero no lo suficiente; y al final, para evitar un cruce peligroso entre teckel y fox-terrier de pelo liso, que a ver quién de vosotros después quería los cachorros, eh, hemos tenido que desterrar al pobre Carbón a casa de mi suegra. Que es estupenda, ojo, la casa, y la suegra más, por supuesto, pero pobre el perro porque hubiese preferido quedarse con, ejem, nosotros. Automáticamente, los perros, Pukka aquí, Carbón allí, se han apagado, como si les hubiésemos quitado las pilas, y nosotros un poco con ellos, la verdad.

miércoles, julio 08, 2009

Ojo con Cervantes

Ojo con Cervantes que no da puntada sin hilo. En mi artículo de hoy digo que don Quijote acaba suspirando "Yo sé quién soy", pero eso es un resumen rápido por razones retóricas. El "yo sé quién soy" con todas sus letras un pelo irreverentes lo pronuncia don Quijote tan pronto como en su primera salida, en el capítulo V de la primera parte, cuando más arrastrado está por su locura. En su agonía es obvio que está contestándose a aquello, pero lo hace con otras palabras y, sobre todo, con otro tono: "Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno". Sabe quién es, efectivamente, pero lo deja caer con mucha más delicadeza.

Razón de más para no ir haciendo una pregunta tan grosera al primer inocente que nos encontramos en una esquina.

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martes, julio 07, 2009

¿Oigo voces?

Según la cola, o compro el pan en la baguetería legal o en una furgoneta pirata que trae un pan buenísimo de El Cuervo. Ayer, por suerte, en el establecimiento regular (en todos los sentidos) había una cola tremenda y me dirigí, con la conciencia relativamente tranquila, al señor de la furgoneta. Empezó a atenderme, pero le hicieron un pedido desde un coche parado en medio de la calle, y se abalanzó a ver qué querían. El hombre le tiene un miedo grande (y natural) a la policía y no quiere por nada del mundo que se le monte un sospechoso atasco alrededor. A su regreso, yo aceptaba sus disculpas, cuando de pronto me suelta, sin venir a cuento: “Ya lo dice el refrán: ‘Cuanto menos se lee, menos se escribe’” En mi vida he oído ese refrán, que es, además, un endecasílabo, y que me atañe de una manera espeluznante. Estoy tentado a acercarme hoy a su furgoneta para preguntarle si de verdad, de verdad, me dijo eso, o es que oigo voces. No sé si me atreveré. Mientras tanto, por si acaso, me he puesto a leer de nuevo.

lunes, julio 06, 2009

Vicente Núñez en el Barbero

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Ser es hablar con.

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Hay que tener mucho miedo para escribir bien.

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Lo demoníaco es actuar sin ser.

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Una libertad sumisa al imperio de la libertad se dictatorializa. La libertad es desobediencia de sí.

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La caridad es menos cara que el cariño.


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Una sociedad no degradada no es sociedad.


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Con un enemigo te bates; con un estorbo, tropiezas.


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Un escritor debe saber de antemano a quién no tiene que leer.


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Todas las posturas incómodas son elegantes.


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Baila quien no sabe andar.


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Tienen un concepto muy triste de la tristeza.


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Escribir es tener tertulia.

[De Sofisma, Renacimiento, Sevilla, 1994]

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