domingo, 26 de julio de 2015

Conyugalia


-- ¿Puedo hacerte una sugerencia? --dice suavemente mi mujer, mirándome con inquietante fijeza los zapatos que, como aprenderé en un instante, no pegan con mi camisa.

Pero antes, contesto:

--No.

Cara de sorpresa.

--No puedes, querida, porque para mí tus sugerencias son órdenes.

Ah, vale. Y entonces me explica tranquilamente lo de los zapatos, que me cambio ipso facto. Luego le pregunto si puedo poner esta entrada o si no dará una visión demasiado idílica de mí como cónyuge entregado y solícito.

--Ponla. No te preocupes por eso.


sábado, 25 de julio de 2015

La tristeza


No soy tan fiero como me pinto. Mucho desdeñar cambio climático en el artículo, y con razón, pero fue leer del león cazado en Zimbabue, y caer abatido por la pena. Da vergüenza reconocerlo, pero es un hecho. Ni siquiera un paradoja vino a consolarme y eso que era verdad: como teníamos una fiesta anoche, andaba más propenso a la tristeza. Seguro que si la perspectiva hubiese sido quedarnos en casa tranquilamente, el dolor se habría aminorado.

Sobre la tristeza estamos hechos unos expertos. Después de haber visto Del revés hablamos mucho en casa de qué sentimiento gobierna en general nuestra cabeza. Quique siempre opta por el enfado, pero Carmen baraja mejor sus cartas cinematográficas: el miedo (cuando monta a caballo), la alegría, el asco (que como le gusta la moda es la favorita de Carmen) y la tristeza.

Yo, contra la tristeza, tengo una vacuna. Estas frases inmortales de Montaigne que tendría que leer (si mi francés fuese aceptable) a mis hijos todas las noches:


Je suis des plus exempts de cette passion, et ne l'ayme ny l'estime: quoy que le monde ayt entrepris, comme à prix faict, de l'honorer de faveur particuliere. Ils en habillent la sagesse, la vertu, la conscience. Sot et vilain ornement. Les Italiens ont plus sortablement baptisé de son nom la malignité. Car c'est une qualité tousjours nuisible, tousjours folle: et comme tousjours couarde et basse, les Stoïciens en defendent le sentiment à leurs sages.


viernes, 24 de julio de 2015

Escribir, pintura abstracta


Ayer, en la playa, entre gaviotas. Mi hijo Quique me dice: "Escribe 'Gaviota'" Y mira las letras con la ilusión de que en un momento a otro se echen a volar. "Escribe 'Pico'". "Escribe 'alas'". Influye que él no sabe leer, pero el hecho se puede elevar a una verdad universal. Son las letras, esos trazos cuneiformes escritos con el palo de la sombrilla, un dibujo exacto y abstracto de la realidad. Él ha empezado a verlo y yo le he seguido. Por eso, la poesía que no se entiende no tiene sentido. Es doble abstracción, una redundancia.


martes, 21 de julio de 2015

Poema a cuatro manos


Hoy se le ha caído a Carmen (o le han extraído) su segundo diente de leche. Con el primero, me salió un haiku. Con el segundo, hemos escrito, ella y yo, bajo la sombrilla, un poema a cuatro manos.

Oh, tú, pequeño diente 
que has caído heroicamente, 
¿cuántos mordiscos diste a las manzanas? 
Y mientras yo dormida, aún temprano, 
diste cuenta tú solo, ¿de cuántas magdalenas?... 
Esta mañana de verano, 
con un tirón atroz de la alba mano 
de Blanca caíste blanco entre la blanca arena. 
Saldrá otro diente; olvidaré yo, ingrata, 
tu ayuda al comerme un gran bocata 
o al hincarte feroz en un hojaldre... 
Pero jamás podrá mi pobre padre 
olvidar tu blancura primeriza 
brillando, cuando niña, en mi sonrisa.  

Claro que tampoco olvidaré su risa mellada mientras íbamos dando con las rimas y, sobre todo, cuando íbamos rechazando otras.

Y una curiosidad. Lo he escrito en los márgenes de Los judíos y las palabras, el libro que escribieron a cuatro manos Fania Oz-Salzberger y Amos Oz, hija y padre, precisamente.



lunes, 20 de julio de 2015

La orilla, la tarde


En la paradisíaca playa de Zahara de los Atunes, estamos rodeados de chicas que pretenden hacer honor al marco incomparable con sus top-less amazónicos. Yo sé dónde poner mis ojos y sigo, más concentrado (reconcentrado) que nunca, con mi Ridruejo. 

Pero el destino me gasta una ironía:

Antes de que el verano pase, antes de que pase éste de hoy, el irrepetible y sin retorno, el sol ha querido dibujarme su figura, su idea, para que tenga realidad, para que no sea solamente tiempo. 
El sol ha dado un matiz rosa, dulce, nacarado, a la playa antes pajiza y casi gris bajo las nubes --bajo las temporales nubes pasajeras. Y, entre los cuernos de la playa, ha puesto el mar extático, trasparentando sombras verdes, azules y moradas, de rocas, de abismos, de bosques sumergidos. E instantáneamente ha levantado un cuerpo, un solo cuerpo humano, sobre la línea móvil, amorosa, que indecisamente deslinda la playa del mar y el mar de la playa. 
Un cuerpo adolescente, delicado y vigoroso. Un cuerpo femenino, pero absolutamente tenso. Tenso, exactamente, como un arco a punto de disparar su flecha. Con toda la energía puesta en la tirantez espléndida de las líneas; líneas de arco en pleno esfuerzo, pero en el límite des esfuerzo; sin contenerse ya, sin liberarse aún.
 (La bañista, la pescadora, montaba entonces su fusil submarino; ambas manos en el arpón, apoyada en una piedra la contera extrema del tubo. Y era antiquísimo --de ningún tiempo-- el novísimo artefacto.) 
Estaba detenido el viento, lejanos los árboles; sin ondas, sin velas, sin aves, sin nubes, cielo y mar. 
Todo --como la carne instantánea-- en acobardado recogimiento, a punto de expresarse, de trascender: purísimamente dibujado; exclusivamente siendo. 
El vaivén ligero de una espuma, solo, bajo los pies hincados en la arena. La punta de acero, aguada, rielante, apuntada al infinito. 
.....................................................[Dionisio Ridruejo, Dentro del tiempo (1959), Litoral, Málaga, 1995] 

¿Quién lo diría? El punto álgido de sensualidad de esa playa desinhibida de Zahara estaba en ese señor gordito con camisa que, muy serio, no levantaba la vista de su libro sino para mirar con mucho cuidado a sus niños en las olas, a su mujer en la orilla. 


domingo, 19 de julio de 2015

La orilla, la noche


En el japo me dio una rabia enorme liarme con los palillos y tirarme toda la tacita de soja sobre mis pantalones. Torpeza ultraoccidental aparte, es que tengo muy pocos pantalones (entre que se me van quedando chicos y las manchas de tinta). Pero Dios escribe derecho con reglones torcidos, porque cuando fuimos a dar el paseo romántico por la playa nocturna, como en los viejos tiempos, ya me dio igual mojarme de agua salada los bajos, lo que le daba más autenticidad al paseo. 

Nos llamó la atención la verbena que había en la playa. El último grito, o último ladrido, son los collares fosforescentes para perros, de manera que ves luces de colores volando a media altura a toda velocidad por la oscuridad. Cuando sabes qué es, es gracioso. Los pescadores han aumentado exponencialmente sus artilugios luminosos y llevan todo tipo de bombillas. Una en la cabeza, como mineros. La linterna clásica. Las cañas llevan su propia iluminación de colores: verde para la punta, roja para el carrete, rosa para el plomo. Sobre las mesitas con la carnada y los anzuelos todo un dispositivo de luces LED que ni una sala de operaciones. Pensé en el pobre pez que saquen: el susto que se tiene que llevar es para pensar que ha sido abducido por extraterrestres. Las luces de los pisos, todos ocupados ya, remataban la escena.

Sólo a la vuelta, ya un poco recuperados de la impresión, Leonor y yo empezamos a rezar el rosario. Y fue entonces cuando pude fijarme en las estrellas. Vislumbre una relación causa-efecto. Unidas en constelaciones y conjuntos por un hilo invisible, no era extraño verlas como cuentas de un rosario, del rosario cósmico, del arquetipo del santo rosario.