sábado, 30 de agosto de 2014

Multiplicación




Begoña y Benito vinieron a la cena de casa con su botella de vino de regalo (suya en toda la extensión de la palabra) y, sobre todo, con el regalo mismo de su llegada. Pero la amistad es multiplicadora, y ya avanzada la noche, Benito nos pidió un segundo de silencio. Se oía el piar multitudinario de unos pájaros trasnochadores, justo encima de nuestras cabezas, en la copa ancha del ciprés macrocarpa del porche. "Son abejarucos", dictaminó. "Qué curioso, estarán agrupándose para cruzar ya el Estrecho". Y nos hacía un regalo de brillantes colores. 

A la noche siguiente, leyendo tarde en el jardín, volví a oírlos, y qué emoción. La noche cerrada, con poca luna, se me abría en colores invisibles, deslumbrantes. Para celebrarlo, aunque solo, abrí la botella de vino, y brindé por la amistad, por la luna nueva, por los abejarucos, por la brisa y hasta por Li-Po. 

Comprobé por la mañana que todo era exacto, que no había sido el sueño de dos noches de verano: 




miércoles, 27 de agosto de 2014

La mano abierta


La mano abierta sobre el pecho pone 
como una disciplina, el caballero. 



Mi artículo de la aristocracia de intemperie ya lo he enlazado por activa (twitter) y por pasiva (aquí), pero ayer, en la conferencia de mi hermano Jaime, vi que el final de este soneto de Manuel Machado (hasta entonces algo tópico para mi gusto es la síntesis perfecta de lo que quise decir y quiero ser: mano abierta, pecho, disciplina. Así que reincido.


Qué bonito relacionar esta mano abierta con la de Gaya

sábado, 23 de agosto de 2014

Pasarlo bien


Al menos el lenguaje no me engaña. Cuando "lo paso bien" tengo una aguda conciencia de que lo paso, esto es, de la fugacidad del tiempo en fuga irrevocable... 

He de aprender a vivir con eso, todavía. Y a disfrutarlo. Este verano estoy teniendo mucho campo para entrenarme, por fortuna. Como Leonor está de vendimia, con unos horarios de emergencia nacional, me ocupo yo mucho de los niños. Y qué bien, de verdad, me lo estoy pasando. Tanto, que ya dobla el verano su última esquina.

Ayer, a cuenta de todo esto, se me ocurrió un apotegma que no valdrá mucho como poesía, pero que sí sirve para cerrar el próximo tomo de mi diario, que estoy preparando estos días, y por eso, perdón, tanta intermitencia en Rayos y truenos. No consigo estar, a la vez, mirando atrás, corrigiéndome, y hacia adelante, avanzando. Ya me pasó las otras veces: o recopilo o esparzo. Pero me despisto y me voy por las ramas. Mi lema es éste:


Como de la vid el vino, 
de la vida viene el himno. 

jueves, 21 de agosto de 2014

El combate del siglo


Autoestima vs. Autocrítica

Es un combate trabado, confuso, marrullero, como demuestra la paradoja de que yo esté tan satisfecho, ay, de ir a muerte con la autocrítica.



miércoles, 20 de agosto de 2014

sábado, 16 de agosto de 2014

"Papá, enfadado"




Por Carmen García-Máiquez

Tate


"El revolucionario busca la utopía del futuro (que no será) y el reaccionario, la utopía
del pasado (que nunca fue)". Este aforismo de Tomás Salas me ha regalado un argumento potente para defender mi castigado conservadurismo, tan combatido de un lado, más masivo, y de otro, más selecto. El conservadurismo busca defender lo que es (todavía). Aunque sólo sea por la ontología, he caído ahora, es lo más sólido. 

El otro día en Twitter un buen amigo me calificó de reaccionario, y lo soy tan poco, al menos de talante, que no me atrevía a reaccionar y recordarle que soy conservador. Al final, me vino bien, porque, en el tuiteo cruzado, se me recomendó leer a Nelson Rodrigues, y ahí estoy ahora, encantado, con O reaccionário. 


viernes, 15 de agosto de 2014

Poema final de Lo que dejan los días de Pablo Núñez




CERTEZA 

La conclusión después de todo este comienzo, 
tras escuchar historias y proyectos, 
quejas, opiniones; 
después de haber leído lo posible  
—el tiempo ha sido breve todavía— 
después de haber estado solo ante la sombra y el regreso.


Una vez que me paro ante el espejo 
—las voces en la calle anuncian el verano— 
y comprendo que ya tengo la certeza, 
entonces —digo, después de todo esto— 
puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, 
que es difícil saberlo.